La Lucha contra la Serpiente.


 La lucha contra la serpiente. 


les voy a relatar una experiencia que tuve, cuando en esta vida me encontré a punto de partir a otras dimensiones, pero que por la voluntad divina no me tocó conocer esas dimensiones aún.

En una noche, noche en la que la oscuridad cubre toda la superficie de la tierra, los fines y los confines, noche amarga, noche triste, noche de dolor y desesperación. 

Noche donde parece que Satanás se ha apoderado del ochenta por ciento de la población de la tierra. En esta noche donde ni el viento corre y la luna se esconde atemorizada, me encontraba yo postrado en una cama, cama de donde no podía levantarme, porque simplemente yo era un fiel siervo de la desdicha y de la impotencia, no podía hacer nada, más que esperar la misericordia del todopoderoso y aceptar su voluntad como su discípulo. 

Postrado en esa cama, quizás mi cuerpo estaba inmóvil, y mi corazón con poco aire y con pocas probabilidades de vivir, pero mi alma y mi fe estaban puestas en el todopoderoso, en el que todo lo puede, en el Dios de Dios y luz de luz.

Más Satanás o la serpiente antigua, aprovecha estos momentos para robar las almas que no le corresponden.

Sucedió que al estar yo en aquella cama, veía cómo me visitaban muchos seres queridos, que seguramente, Unidos en la oración se conectaban conmigo, vi a personas muy cercanas, amigos con los que interactué últimamente, los veía cómo se acercaban y me saludaban, y yo, conversaba muy amenamente con ellos, sin preocupación, sin problemas, y sin tener que afligirme, ni tener de qué quejarme.

De pronto en la sala donde conversaba con los que me visitaban, como una maldición; aparecieron serpientes por todos lados, serpientes enormes, serpientes malignas, serpientes que se posaban como una representación del mal y directamente del enfurecido Satanás.

Las serpientes continuaron, siguieron caminando por toda la sala, y como acción maligna y dirigida por el enfurecido Satanás atacaban a cada uno de los que estaban conmigo y se apoderaban de ellos. 

De pronto, en una acción heroica lleno de una fuerza y un vigor que me hicieron levantar de la cama donde estaba postrado, fui tomando una a una cada serpiente y las golpeaba fuertemente con toda la ira de mi corazón contra la pared y así terminé con todas 

Esta historia aquí termina, dejando Claro que la serpiente no ganó esta batalla sino el todopoderoso que me acompañó, me acompaña, y me acompañará siempre por toda la eternidad.

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