Angustia de muerte.

 




Nace un niño en un portal.

El rey de este mundo.

El hombre que hará un cambio trascendental.

Donde la gracia abundó.


Es este el hombre de las palabras bonitas.

Que no fue uno solo, el curado por él.

Pues es a él a quien la humanidad imita.

El es amigo, hermano y compañero fiel.


Dió descanso a los cautivos.

Y a los cojos él hizo caminar.

La vista de los ciegos la reactivo.

Los muertos resucitan faltaba mencionar.


Este mismo es el que siente angustia de muerte.

Los suyos lo abandonaron por el miedo a los demás.

Todos Jesús, estuvieron contigo sin  merecerte.

Sin saber que con tu carne nos alimentarias.


Ya lo arrastran ya le tiran.

De la soga con furor.

Y le escupen y le miran.

Con encono aterrador.


Ya sale del pretorio escarnecido.

Y le cargan el madero por la vía dolorosa.

Tu rostro desfigurado nos ha estremecido.

Llena de sufrimientos y dolores está tu madre amorosa.


Le crucifican en el calvario.

En donde nos entrega su madre.

Rasgar tu costado es arbitrario.

E inclinas tu rostro para entregárselo al padre.


Todo parece haber terminado.

La locura de este hombre ya no molestará.

Más no saben que el padre no lo ha  abandonado.

Y de los muertos lo resucitará.


¡Oh Gloria en las Alturas y en la tierra paz al hombre!.

 Resucitó de veras mi amor y mi esperanza.

Pues yo estoy seguro que no se olvidarán de su nombre.

Pues para Jesús toda gloria y alabanza.


Más nunca olvidéis que él fue quien sintió angustia de muerte.


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