La desdicha del ser humano

 Cuando el crepúsculo de la mañana comienza a relucir, cuando el cielo esclarece y las aves del campo empiezan a emitir sus dulces y hermosas melodías, en aquel momento, me encontraba yo viajando en una estación de pasajeros y quiero relatarles cuál es la realidad que vi y viví.

Para comenzar, la situación con los lugares como siempre es tétrica, por el corazón duro del hombre, que en vez de amar; desprecia y se desconecta del mandato divino. La realidad es esta, si no tienes buenas amistades te cuesta encontrar un lugar para viajar cómodo.

Está vez logré encontrar un espacio digno y cómodo para poder emprender aquel viaje, más sin embargo, logré ver; la desdicha de una pobre mujer que cargando en sus brazos al dolor más grande que puede heredar la vida, luchaba por viajar en esta estación, la mujer cargaba en sus brazos una niña, y encima que no encontró espacio, cargaba una niña con condiciones no favorables.

La humanidad es tan dura; desprecia, juzga y no brinda una mano al necesitado. La pobre mujer luchaba, pero nadie brindaba su espacio para que la mujer viajara cómoda. Después de tanto tiempo, por fin hubo un caballero alto, de buen porte que viendo la necesidad brindo su apoyo a la desfavorecida mujer.

Por otro lado una señora que llena de maletas golpeó la cabeza de los que ya cerrando sus ojos se preparaban para dormir cómodamente, quienes en lugar de ayudarle hacían gestos despreciables y lanzaban ofensas a la mujer de avanzada edad, que buscaba desesperada un lugar y preguntaba agitadamente pero desgraciadamente nadie dio su lugar.

Cuando la mujer que cargaba en brazos a su hija llegó a su destino el caballero de buen porte se preparaba para retomar su asiento, pero, alguien gritó -Señor regáleme allí para sentarme- era la señora que con gran dificultad y llena de maletas había incomodado a muchos, y así aquel caballero cedió su lugar a la desdichada señora.

Aquella estación seguía subiendo gente, gente que seguramente tienen cipotes que mantener y que dependen de la faena diaria, aquello se volvió aún más tétrico, la unidad se llenó completamente y entre varones, mujeres, señores, señoras, era imposible caminar tranquilamente.

Mas adelante el caballero generoso que cedió su asiento tanto a la pobre mujer como a la señora que la desdicha le acompañaba, pidió a una mujer muy hermosa que si podía regalar su asiento, pues él tenía un problema en la rodilla y quería descansar un poco, pero aquella mujer con un rostro arrogante ignoro aquellas necesitadas palabras.

Y entre aquellos que viajan tranquilamente escuchando quizás algún sonido mediante su auricular, o tarareando la música que todos escuchan en la unidad, nadie puede descubrir el dolor en aquellos rostros, y menos compadecerse de los demás, cediendo el lugar o ayudando a los que necesitan más en aquel momento.

El mayor problema del ser humano es no siente, pues su corazón está lleno de odio y desprecio hacia los demás, solo con los conocidos somos buenos y dice Jesús si solo sirves a los que te lo devuelven ¿que haces de extraordinario?. La mayor riqueza de servir es hacerlo con quienes no conocemos y quienes lo necesitan más.

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